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El libro de la venganza, de Benjamin Taylor

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Artículo de Cine al Filo

por Hoeman 30 mayo de 2013

“- ¿No quieres descubrir cosas nuevas en lugar de volver a reflexionar sobre lo que ya se ha reflexionado durante siglos? –preguntó Gabriel.
Eso era hablar de la ciencia, la ciencia que todo lo conquista.
- Ese es el problema de los de tu calaña, obstinados en el mito del progreso –replicó Danny-, vendidos a un trato faustiano.” (1)


El libro de la venganza es una novela seductora, elegante, inteligente; que conquista poco a poco para enseguida atrapar al lector y sumirlo en un estado de lectura ávido. Emociona y hace reflexionar, también consigue que por unos instantes nos olvidemos de la vida en presente, es decir, hace pensar en experiencias, ideas que tenemos, quizá sueños,... pero el ahora se borra de la mente. El toque intimista, y al mismo tiempo la forma de narrar con el pecho al descubierto –o sin censura-, lo convierte en un libro que sin duda hace que merezca la pena ser leído. Si bien es cierto que con altibajos, mantiene un nivel notable, con algunos puntos álgidos que estremecen sinceramente. El mayor valor de la obra es la historia que se cuenta –y las informaciones paralelas a ésta-, que llega en gran medida por esa forma de expresarse envolvente y hechizante, y porque centra la importancia en temas universales, con los que todos podemos sentirnos identificados. Uno de ellos es, creo (todos los escritos están sujetos a interpretaciones propias del lector, que estarán condicionadas en gran medida por las ideas y experiencias que éste tenga en su aval), la intrascendencia de la vida. A partir de la historia podemos notar un hálito impregnado de melancolía, y a su vez, impotencia. Desde el momento que el ser humano es dado a luz su vida será intrascendente: eso es así; por mucho que de niños y adolescentes la imaginación vuele y juegue con hipotéticos tiempos futuros en dónde somos capaces de convertirnos en lo que nos propongamos. Pues va a ser que no. La vida es una mierda, y prácticamente todos los objetivos y anhelos que tengamos serán dilapidados y se evaporarán, con mayor consciencia conforme uno vaya ganando en edad. Incluso por mucho que llegues a ser o conseguir, todo ello, visto desde una perspectiva histórica, será obliterado en la memoria de las generaciones futuras, o como máximo, sólo se tendrá una vaga consideración en las mentes del populacho, probablemente errónea o cuando menos no totalmente veraz. Este libro nos hace pensar sobre ello, con el añadido, que vemos, aunque sea mediante la narración de determinadas etapas, cómo va cambiando el espíritu del protagonista principal, Gabriel, y los que le rodean. Desde la pasión, el aire soñador, a pesar de las adversidades, hasta la resignación, el realismo; si bien es cierto que el final del libro abre una ventana a la esperanza: y es que probablemente, nunca se logre enterrar al niño que todos llevamos dentro, y en los momentos más inesperados, surja del interior con extraña fuerza, y brevedad, para transformarse en un espejismo, o en una especie de estado en trance. Muy ligado a lo comentado, la obra también invita a reflexionar acerca del ciclo de la vida: nacemos con inusitada energía y felicidad, para con el transcurso de los años, convertirnos en seres resignados que en el mejor de los casos, han falseado su vida hacia una supuesta vocación en la que se sienten mínimamente más reconfortados. Una vida llena de monotonía y encorsetada, que sigue las reglas y modas impuestas por la sociedad (que a su vez puede ser manipulada por poderes fácticos, y viceversa), si no en todos los aspectos, sí en los fundamentales: una vida que conforme avanza se va haciendo más dificultosa, ya sea por los golpes y sinsabores experimentados, el daño emocional sufrido, que hace que uno se lo piense mucho para lanzarse a la piscina (en ocasiones anteriores parecía estar repleta de agua, y en cambio, los leñazos fueron considerables), o por las enfermedades que van llegando, asociadas a la vejez y degeneración y finalmente decrepitud (¿o nos convertimos en seres decrépitos mucho antes?). Enfermedades que en su mayoría no se eligen (aunque sí cosas que hacemos tienen su influencia en la adquisición de éstas), y van asestando cuchilladas que entierran definitivamente el espíritu más jovial, si es que aún quedaba algún atisbo. Una vida intrascendente en la que nos hemos empeñado en buscar pequeñas trascendencias hasta rendirnos, que tendrá un final sin duda triste y necesario y doloroso. Una vida intrascendente en la que la mayoría de nuestras decisiones serán equivocadas y estúpidas y fracasadas. Una vida intrascendente con pequeños momentos exultantemente brillantes y divertidos y placenteros, y por añadidura, leves y etéreos. Precisamente lo que resalta en la vida es la dureza, la somnolencia y el sonambulismo que exige a los seres que la poseen, la fatalidad antes de ser incluso concebida.

Tras lo cuál, en la novela también se muestra y/o invita a pensar acerca del papel de la familia, del rol de los progenitores para los hijos y viceversa, de la sexualidad, del amor, de las relaciones con el resto de humanos, de la casualidad y la causalidad, del rol de la ciencia y de la filosofía, de la evolución y el progreso, de los caminos escogidos que determinan, en gran medida, el futuro. Etc., etc. Rica y sencilla.

 

(1) The Book of Getting Even, Benjamin Taylor, 2008. Traducido por Aurora Echevarría y editado por Mondadori.


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