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Salvajes, de Don Winslow

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Artículo de Cine al Filo

por Hoeman 26 diciembre de 2012

“¿Qué quieres que te diga? Me gusta correrme”

 

Una novela cuyo primer capítulo es simplemente “Jódete” tiene que ser forzosamente buena. Salvajes no es una excepción. Una novela de acción, de ritmo trepidante, con drogas, sangre, muertes, secuestros, narcotráfico, sexo,... y una gran carga de crítica a la humanidad, que puede quedar en un segundo plano por la vorágine en la que introduce al lector, de la que no desea escapar, y que le incita a continuar la lectura de forma adictiva, dejando de lado el resto de cosas, hasta finiquitarlo. Es uno de esos libros que se leen en un par de tardes, por la sensación de adrenalina y la incertidumbre que transmite.

Escrita con lenguaje de la calle, de forma directa y sencilla, con frases breves y dispuesta en capítulos cortos, sin excesivo virtuosismo, pero excelentemente, debido a que consigue su propósito, que me parece es transmitir y reflejar lo que el autor desea, contaminar al lector e involucrarlo en la acción, hacerle partícipe de una historia de acción y al mismo tiempo comunicarle pensamientos relativos a la existencia y el funcionamiento de la sociedad. No es alta literatura, es excelente literatura de entretenimiento-denuncia; dura y desesperanzadora, porque la visión del narrador sobre la condición humana se puede resumir en lo siguiente: el ser humano es una puta mierda y no tiene solución. Egoísmo, luchas de poder, venganza, hipocresía, corrupción, superficialidad, hedonismo, consumismo. También hay un espacio para el amor: la fuerza más grande, y a la vez la mayor debilidad, del ser humano. Es arriesgado tener familia, seres queridos, cuando estás metido en el mundo subterráneo. Es arriesgado amar, en general. Además, informa, levemente, pero de forma suficiente; del funcionamiento de las mafias del narcotráfico mexicanas-americanas (y cómo las autoridades competentes lo permiten), expone cómo se creó esta situación que cada día se lleva por delante a decenas, si no son cientos, de personas. Efectivamente: los poderosos son los que no sólo lo permitieron, sino que incitaron a ello. Las leyes sólo pueden infringirlas los que están en el poder y los peones que sean necesarios para llevar a cabo su plan. De las consecuencias ya se preocuparán otros.

Volviendo a la crítica que se hace del ser humano y de la sociedad, me permito rescatar algunas citas que causaron en mi conciencia un cierto impacto, por lo llamativo y fatalista y desolador:

Se supone que las drogas son una mierda, pero, si en un mundo de mierda pillas la polaridad moral inversa, son cojonudas. Para Chon, las drogas son “una respuesta racional a la irracionalidad” y su uso crónico de lo crónico es una reacción crónica a la locura crónica.
“Proporciona equilibrio –considera Chon- En un mundo jodido, uno tiene que ser jodido, si no se quiere joder...”
(p.21)

Siente hastío, depresión y desorientación. Siente que su vida no tiene sentido, tal vez porque: si cavas un pozo en Sudán, vienen los janjaweed y matan a la gente de todos modos; si compras mosquiteras, los niños que salvas, cuando crecen, violan a las mujeres; si estableces una industria artesanal en Myanmar, el ejército se apodera de ella y esclaviza a las mujeres... (p.68)

“Ben todavía no se ha enterado –piensa Chon- de que uno no puede cambiar el mundo: es el mundo el que te cambia a ti” (p.83)

Chon piensa en la diferencia entre publicidad y pornografía.
La publicidad da nombres bonitos a cosas feas.
La pornografía da nombres feos a cosas bonitas.
(p.142)

Siempre ha sabido que había dos mundos.
Uno salvaje y el otro no tan salvaje.
El salvaje es el mundo del poder puro y duro, de la ley del más fuerte, de los carteles de drogas y escuadrones de la muerte, de los dictadores y los hombres fuertes, de los ataques terroristas, de las guerras entre pandillas, de los odios tribales, de las matanzas y de las violaciones masivas.
El no tan salvaje es el mundo del poder puro y civilizado, de los gobiernos y los ejércitos, de las multinacionales y los bancos, de las compañía petroleras, del “impacto e intimidación”, de la “muerte que viene del cielo”, del genocidio y de las violaciones económicas masivas.
Y Chon sabe... que los dos mundos son lo mismo.
(p.157-158)


Si uno lo piensa fríamente, ¿no debería sentirme culpable por disfrutar de una obra de ficción que en realidad sólo hace que reflejar gran parte de realidad no ficticia? El entretenimiento es sólo un mero vehículo, hipnótico y extremadamente atrayente, para denunciar lo que sucede y seguirá sucediendo mientras la humanidad siga existiendo.

 

Savages, Don Winslow, 2010. Traducido por Alejandra Devoto y editado por booket/Planeta Madrid.


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