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Música como anestésico

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Artículo de Cine al Filo

por Hoeman 01 febrero de 2012



Hay canciones que sobrecogen con tal fuerza que una vez escuchadas, durante un periodo de vida, no puedes dejar de volver a poner y escuchar. Mi último descubrimiento ha sido el grupo musical M83; cuyas canciones “Steve McQueen” y “Midnight City” estoy quemando a más no poder. La música es vitalidad, energía, pasión; por eso vivir sin ella se nos hace muchas veces tan cuesta arriba. Una canción que te guste es ese respiro siempre necesario; transporta la mente a infinidad de lugares recónditos, desconocidos, casi inimaginables, voraces. Hace que nos olvidemos de la insignificancia de la vida, por una parte, y por otra, consigue que seamos conscientes de la propia absurdidad que rodea a y es la misma vida. Un mundo sin música sería un mundo mucho peor, o cuanto menos, mucho más aburrido. La música es fundamental, por ejemplo, en el cortejo,  y también para la actividad física y cerebral. Aparte de para socializar o sencillamente ligar; ¿cuál es el motivo por el que nos reunimos en discotecas, pubs, baretos, chiringuitos, fiestas al aire libre, casas de amigos o conocidos, etc.? Para desinhibir nuestro cuerpo y nuestra mente, yo contestaría; porque una vez uno se deja llevar por el ritmo de la música, ésta atraviesa la barrera hematoencefálica y se incrusta en el cerebro, pocas cosas pueden hacer que se salga del trance, el éxtasis experimentado. Sólo el miedo a hacer el ridículo, a lo que piensen los demás imbéciles del local, a no llamar la atención, a evitar que se burlen de ti,... puede privar de unas sensaciones universales y al mismo tiempo únicas. Es como el sexo, pero con otros matices, y quizá (solamente quizá) en otra vertiente. Se olvida quién nos rodea, o precisamente nos acordamos sólo de alguien especial; el caso es que los pensamientos inundan la glándula del placer: liberando hormonas de la felicidad, convirtiendo un instante amnésico en un estado dionisíaco. En realidad no hace falta ni moverse de la silla, el asiento, el sillón, ni cambiar la posición horizontal, vertical u oblicua. Simplemente con cerrar los ojos uno es capaz de notar las vibraciones que recorren el cuerpo, pequeñas descargas eléctricas, un reset cotidiano etéreo y temporal pero inmensamente placentero. En cierto sentido, la música es una de las drogas más poderosas que existen en la Tierra, en el universo, la galaxia.


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