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PELÍCULA

Ficha técnica

Solaris (1972)

Solaris (1972)


Título V.O.: Solaris
País: Rusia Año: 1972
Fecha de estreno: 03/01/1979
Duración: 169 minutos
Género: Ciencia ficción



Sinopsis

Solaris es una película basada en la novela homónima del escritor Stanislaw Herman Lem y se centra en la relación entre los seres humanos así como la necesidad de explorar aquello que les resulta desconocido.  Todo ello sobre la superficie de Solaris.

 

 

 

N6


Tráiler

Crítica de Cine al Filo

por Nuria 17 septiembre 17

Nueva propuesta de CineClub y filme desconocido para mí. "Solarys" me sonaba de algo relacionado con Kubrick y después de mucho darle vueltas, creo recordar que parece ser que "Solaris" es la película que fue considerada como respuesta a "2001". Yo, la verdad, dejando al margen que ambas son películas de culto, de ciencia ficción, visionarias y adelantadas a su época, no veo la comparativa ni la respuesta. Aunque igual tendría que volver a ver 2001, y, posiblemente volver a ver la presente, ya que estoy segura de que se saca más jugo gracias a las conversaciones y cuidados detalles en forma de simbolismos inteligibles.

Larga, película larga (creo que cerca de 165 minutos). Si has de verla, prepárate con más paciencia que palomitas. Personalmente, me tiré la priamera media hora desubicada, no acababa de entender el interés en lo Solaris, la especie de juicio que se retransmite por televisión, la relación que hay entre los personajes, el clima como de miedo inminente pero no explícito que se da, la relación entre los personajes... me parecía que se trataba de efectos paranormales o algo. Después, hay un punto en el que, sin saber por qué, y a pesar del lento ritmo de la película me ví enganchada y a pesar de tener sueño y desear ir a dormir, no podía pasar sin conocer el resto del argumento, y por supuesto el final.

Ese punto que me enganchó, me atrevo a calificarlo entre los casi mítico y lo surrealista. Pues, descubro que el protagonista es el psicólogo Kelvin, y llega a la estación espacial de Solaris a través de conducir por una larguísima carretera en la que se pasa el día llega y se presenta ante los pocos "supervivientes". Ahí, debe de investigar el extraño comportamiento de la tripulación y cómo la mayoría se ha quitado la vida. En la medida en que Kelvin se implica en la observación y lo que en la cinta llaman "Océano" (con todo el simbolismo que tiene), para mí, la película empieza a transformarse y pasar de ser de Ciencia-Ficción a ser de Conciencia-Ficción. Me entusiasma la manera en la que con modestia, estilo minimalista y sin alardes de efectos visuales, se tratan temas que están renaciendo en importancia hoy en día como es el relacionarse con lo nuevo y los sentimientos de miedo, amenaza, curiosidad e incluso morbosidad que ello provoca. A la vez que, se mezcla ciencia con sentimientos y se presenta la imposibilidad de desligarnos de nuestra humanidad y nuestras emociones, pues hay que aceptarlas. Así, se presenta la manera de relacionarnos, la humanidad, la necesidad de contacto, como los seres humanos nos quedamos bloqueados en una especie de desesperante bucle por algún acontecimiento potencialmente traumático entremezclado con nuestros deseos e ideales. Se añade a esto, la manera del ser humano de actuar ante lo desconocido, con recelo y temor, además de curiosidad, fascinación e incluso (me atrevo a decir) obsesión.

Rica, admito que al principio me costó e incluso me planteé retirarme del CineClub por primera vez y al final, me alegro de haber conocido lo que considero una obra de arte cinematográfica basada en la homónima novela, que sin duda ha de ser un placer leer. Recomendable para un público muy determinado, eso sí.




N5

Crítica de Cine al Filo

por Hoeman 22 septiembre 17

Solaris es una película total: como las obras que buscan remover más allá del entretenimiento; no sólo es un film de ciencia ficción, sino también uno de terror, otro de misterio y otro de reflexión filosófico-existencialista. De hecho, en la obra, la acción es lo de menos: una mera herramienta para ir a lo importante, y de paso, enardecer lo estético buscado.

Tiene un comienzo lento que deja atónito al vidente, porque no sabe muy bien qué pensar, qué está pasando; Chris, el protagonista, recibe una visita de un hombre (acompañado del padre de Chris) que ha visto lo inexistente, lo imposible. Chris vive aislado del mundo, en una casa en un parque-bosque a la orilla de un lago, y no quiere creer lo que ve y escucha -le ponen el vídeo de las explicaciones de lo acontecido, en su día, al visitante-. Ya entonces apreciamos rarezas como la introspección de Chris -¿algo le ocurre? ¿es así desde siempre?-, además de simbolismos que se me escapan como la presencia en semilibertad del caballo. También se detiene el director en el retrato de una mujer que será muy importante en lo siguiente. Una de las escenas más alucinógenas ocurre una vez se marcha el visitante, cuando le muestra hablando desde el coche -¿quién lo conduce? ¿se adelanta el autor a la autonomía de los automoviles?-, mostrando con excelsa belleza el recorrido de los distintos coches, de noche, por las carreteras, como si fueran autómatas; piezas de un mecanismo preconcebido. Asusta e impresiona.

La segunda pieza del largometraje se sitúa cronológicamente desde la llegada de Chris a la estanción Solaris, donde supuestamente suceden las cosas extrañas e insólitas que uno pueda siquiera imaginar. Encontramos una nave futurista (tubos, puertas de aluminio) pero dejada, destrozada. Enseguida nos damos cuenta que efectivamente, pasa algo. Los científicos que allí se encuentran -que son dos, ya que uno supuestamente se ha suicidado- se comportan de forma rara y elusiva. Hasta que esas cosas le ocurren al propio Chris: la aparición de un antiguo amor hiela la sangre. Tanto es así, que el protagonista, consciente de que se trata de una ilusión o creación del subconsciente la envía en cohete fuera de la estación. Dará igual, porque vuelve a aparecer. Y ahí el amor hacia esa persona lo puede todo.

Lo mejor llega cuando esa ilusión, esa alucinación, esa creación del subconsciente también interacciona con los otros científicos de la estación; es decir, no es él que está loco y el que sólo la ve. Aquí se desarrollan las conversaciones y reflexiones de mayor peso filosófico. Tarkovsky hace que nos preguntemos acerca del amor, del sentido de la vida, de las intenciones e ilusiones del ser humano, la identidad y el alma, etc.:
- Al fin y al cabo, ¿no es amar una cárcel, donde el que ama está a merced del amado?  ¿a cuánto renunciamos por el amor? ¿no se convierte siempre en algo enfermizo, agobiante, convencional? ¿Y qué es del ser humano sin amor: qué vitalidad le queda si no tiene la capacidad u oportunidad de amar?
- ¿Por qué los humanos buscamos más allá de nuestros límites? ¿Acaso no son más felices los que menos piensan, los que menos se interesan por adquirir más conocimientos? ¿Qué sentido tiene adquirir conocimientos, en muchos casos inútiles e incompletos y que jamás seremos capaces de comprender?
- ¿Qué importancia tiene la identidad? ¿Cómo de imprescindible es sentirse humano, saber que existes como ente-ser vivo independiente-autónomo? (¿por qué Hari no es capaz de soportar saber que es sólo una creación humana dependiente de su creador?)
- ¿Cuál es el papel del sueño en las personas?
(Y muchas más cuestiones de una densidad considerable).

La última parte, la más corta, nos muestra el retorno de un ¿desolado? Chris a su hogar. Pero, alejando la vista de la zona habitada, nos plantea si lo dado por seguro y normal debiera ser así...

En mi opinión, una de las mayores pegas que se le pueden poner al film es su brusquedad, apenas hay transiciones entre cada bloque, se pasa abruptamente de uno a otro. Pero al ser una obra que mira hacia adentro, que tiene en cuenta las tinieblas del ser humano, es universal y no envejece mal.

8/10

Crítica de Cine al Filo

por Jaime Novo 17 septiembre 17

“Septiembre pone la bruma y toda la gente vive consciente y no se arrepiente de lo que siente, yo sólo digo que es evidente. Sigo buscando algo y puede que ahora lo esté tocando, lo esté abrazando, no digas nada, sólo repara, sólo prepara… A nuestros cuerpos, a nuestro aliento, sigues buscando cualquier momento para esconderte, mi buena suerte, volver a verte, mi buena suerte”.

Iván Ferreiro – Solaris.

Ahora vamos con la película.

Solaris

Película absolutamente distinta a la Solaris que yo conocía, concretamente Solaris (2002) con George Clooney y Natascha McElhone en el reparto y a la que antes que después le dedicaré también unas líneas, porque la volví a ver hace no mucho y también me gustó.

En esta Solaris, la primera Solaris, y homónima de la novela de Stanis?aw Lem, recrean, explican y desarrollan un suceso pasado, particularmente a mí me parecía de lo más interesante. Ese inicio de la película en la que el pobre sufridor pierde credibilidad con cada momento que se recupera de cuando él estuvo ahí fuera, sobre la superficie Solaris, me parece de lo más interesante la neblina que menciona, la pérdida de la percepción del tiempo, así como los sucesos que se mencionan y de los que esperaba una explicación, muy fantasiosa como si se tratase del triángulo de las bermudas o así, puesto que ese vacío de argumento, acompañado de tal sincera y tangible pasión sólo podía tener una explicación inexplicable.

Inexplicable como es la película, como es el hecho de la aparición de Hary. Al ser una visitante dentro del habitáculo, obviamente no se trata de la rabiosa y necesitada imaginación de nuestro protagonista, dado que el resto de la tripulación la conoce, parece ser habitual la aparición de estos visitantes, así como su muerte.

En este caso vemos como Hary es plenamente consciente de lo que es y de lo que no es, pero eso no le impide empezar a desarrollar comportamientos de nuestra especie, sentando las bases de una humanización más que evidente. En cierta medida, esta humanización, esta preocupación y esta implicación me recuerda a la de los replicantes de Blade Runner, hasta el punto de que en dicha película ni ellos mismos saben si lo son. En este caso no. En Solaris no.

Solaris te presenta un escenario en el que cada muestra de actividad tiene un por qué, hasta el punto de que intentas buscarle una explicación, a modo de pista como si se tratase de un Escape Room y que cada nueva influencia es necesaria para poder continuar, dado que Solaris arranca con una ventaja, dado que por medio del Océano, pieza fundamental en este ‘juego’, logran extraer a través del sueño a los visitantes de la misma, como en el caso de Hary, de ahí que tal vez tenga sentido transmitirle ideas propias a través del mismo, tal y como se sugiere durante el film.

Film interesante, que marca sus propios tiempos y que va más allá de lo que sucede en los espacios que te presentan, quizá se trate de un film adelantado a su tiempo y que haya podido abrir la puerta a otros aspectos similares y así utilizar esta vía ya marcada. Vía como una escena que a mí particularmente me ha gustado mucho, aunque no tenga nada de interés sobre el papel, que es la escena de la carretera, bastante larga, sin diálogo y tan sólo un camino en el que refleja la soledad pese a estar rodeado de otros seres humanos, en este caso cada uno en su auto como las clásicas escenas futuristas, sustituyendo coche por naves espaciales. Espacial, y especial, así es la relación entre Kris y Hari, en la cual se centra la gran parte de la película hasta el punto de no llegar a intuir si quizá parte de la misión, aunque le digan lo contrario, se centre en la búsqueda de nuevos comportamientos.

Recomendable, para verla a modo de documental de algún suceso pasado como en los primeros compases ocurre con Henri Berton.

“Pero si miras dentro de lo que somos, tendrás más aire, tendrás el mundo, tendrás el tiempo, tendrás el sueño”.

 

 

 

Propicios días!


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