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PELÍCULA

Ficha técnica

Lost in Translation

Lost in Translation


Intérpretes: Bill Murray , Scarlett Johansson

Título V.O.: Lost in Translation
País: Estados Unidos Año: 2003
Fecha de estreno: 03/10/2003
Duración: 105 minutos
Género: Drama



Sinopsis

Bob Harris es un actor que viaja a Tokio para rodar un anuncio para una marca de whisky, se encuentra en una fase poco animosa en su vida y en el Hotel donde se hospeda conocerá a Charlotte, quien se sienta sola al encontrarse sola la mayor parte del día ya que su marido fotógrafo tiene sesiones por toda la ciudad, ambos se conocerán y comprenderán la situación de cada uno de ellos, con lo que entre Bob y Charlotte se crea una extraña relación en la que les separa una gran diferencia de edad, la cual no parece tener importancia teniendo en cuenta lo cómodos que se sienten cuando están juntos.

 

 

 

 

N6


Tráiler

Crítica de Cine al Filo

por Nuria 17 julio 14

Tuvo mucha acogida por la buena crítica en su momento, y he de admitir que fui a verla al cine en su estreno.  En aquellos momentos la vi en  V.O  y desde luego que sí me quedé un tanto  “lost in translation” con todos los japoneses charlando.

Lo lamento pero, la he vuelto a ver y… se me puede llamar insensible pero no encuentro que haya demasiado de especial en la película.  De hecho, si tuviera que definirla con un solo adjetivo, creo que diria “INSULSA”.  No es mala, ¿eh?.  Que conste que encuentro que es una buena película porque sin que en realidad haya mucha acción, se estiran los minutos como un chicle, y trata de ser profunda profundísima, pero para mi gusto con demasiado melodrama.  Además, tiene varios puntos cómicos de la mano del siempre carismático “Billy” (Bill Murray) por lo que ya vale la pena verla.   Y, es innegable la impresionante  la fotografía me parece curiosa y el uso de las cámaras para mantener la atención, está claro que es, cuanto menos meritoriamente artístico.

Me transmitió mucha compasión y lástima cuando la vi por primera vez.  Pues pensé, que no me quisiera ver ni como la Johansson,  dependiente de un marido con el que en verdad no tengo nada que compartir y a quien seguir por no tener una opción mejor; ni como Murray, aprovechando los últimos resquicios de fama, mientras no puedo gozar del  producto de todo lo conseguido ni  de la familia creada, pero teniendo que atender a supérfluas preocupaciones materiales como el color de un mueble (nosense).  Me pareció ridículo en su momento, y me parece aún más lamentable ahora.  La vida nos pone en una serie de circunstancias para que aprendamos y crezcamos, porque al fin y al cabo, si lo que intentan es que nos pongamos existencialistas… al final todos nos morimos, y lo único que nos llevamos son experiencias y lecciones; y lo único que podemos dejar son oportunidades y recuerdos a los demás.

El tema que entresaco de la película es la soledad.  Los protagonistas se encuentran en un momento de crisis y encima solos, lo que hace que se sientan aún más solos.  A mi parecer la llevan de manera muy trágica y triste, de manera muy poco madura y provechosa.  No sé… claro que mola la compañía (cuando es buena) pero, se puede sacar mucho de estar a solas.  Sobretodo teniendo en cuenta que te encuentras en una ciudad extranjera y asiática, es decir, un contraste cultural brutal, con tanto por aprender.

Puede que la razón por la que no me acaba de agradar la película es porque se centra en la relación que se va estableciendo entre los dos protagonistas más que en la cantidad de diferencias y similitudes culturales que se ponen en evidencia cuando se viaja.   Una relación un tanto surrealista, por otro lado, con pretensión de que resulte romántico (¿?).  En todo caso, ninguno de los dos muestra  ni comparte mucho.  Se aferran a alguien desconocido en un tipo de relación de confusas características en lugar de encontrarse en un contexto en que es tan fácil perderse para volverse a encontrar.  El momento álguido de esta relación es el patetismo con el que finalizan.  De nuevo… NOSENSE!

Crítica de Cine al Filo

por Luna CR 17 julio 14

Esta fue una de mis películas favoritas durante casi diez años. No hay razones objetivas para considerarla una gran película, es cierto que mostró un nuevo cine independiente que a la vez se acercaba a lo comercial, es cierto que fue una de las primeras y más importantes películas de Sofia Coppola, es cierto que dio un hueco amplio en Hollywood a Scarlett Johanson pero probablemente no consigue todo lo que pretende.

Aún así, sigue teniendo un hueco especial en mi vida y es que a lo largo del tiempo me he ido identificando con uno u otro personaje de forma alternativa encontrándome con ellos, con el guión una y otra vez y viendo en mí, cosas que necesitaba que alguien dijera en voz alta. Esta película lo hacía y lo hace. Volverla a ver ha sido como volver a casa después de un verano fuera.

Tokio es en sí mismo un personaje, como sucede en las películas de Woody Allen, la ciudad tiene vida propia y escenas solo para ella. El plano inicial con Bill Murray ha sido imitado cientos de veces, ese momento en el que descubre la ciudad desde un taxi. La fotografía es sencilla, plagada de azules, con muchos matices y tomas hechas con cámara de mano.

La directora dedica mucho tiempo a contarnos quiénes son los personajes, hasta que se conocen transcurre algo más de media hora. Les une la soledad y la falta de sueño, intentan reconectar con sus vidas pero no pueden y en medio de la confusión en su profesión, sus relaciones y el jet lag acaban viviendo algo especial.  Todos los que alguna vez han vivido jet lag saben que vives en un mundo paralelo, es como ser Alicia en tu propio país de las maravillas pero con una ventana gigante que te sigue mostrando tu vida aunque parezca lejana y distante. Todo esto la película lo cuenta muy bien.

¿Y por qué dejó de ser una de mis películas favoritas? Porque es cierto que el cine ya ha superado en mucho lo que Lost in Translation aportaba a la industria y ha traído gente como Xavier Dolan que reflexiona muy bien sobre la identidad, películas como The beginners que hablan de estar perdido junto a alguien de una forma más actual y con una construcción única, cine donde vemos una fotografía muy cuidada, etc. Y aunque seguiré viendo cada película que Sofia Coppola haga, creo que hasta ella misma ha decidido hacer un cine distinto porque aquello estuvo bien, pero es hora de otras cosas.

LC

Crítica de Cine al Filo

por Jaime Novo 17 julio 14

Yo siempre me he considerado fan de los Cazafantasmas, con lo que hace unos meses, cuando falleció el actor Harold Ramis (Egon) quise rendirle homenaje viéndome su gran éxito como Director “Atrapado en el tiempo” cuyo protagonista no era otro que su amigo Bill Murray, (¡tócate los huevos, el puto Bill Murray! como diría Tallahassee en Zombieland) con lo que fue en febrero cuando después de “Atrapado en el tiempo/El día de la marmota” pensé en verme alguna otra peli de Murray que no hubiese visto y la elegida fue Lost in Translation, la verdad es que en aquel entonces no me dijo mucho y 4 meses después me la he vuelto a ver para el cineclub y más o menos las sensaciones son parecidas, con lo que no me saldrá la clásica reseña de 5 words.

Lost in Translation

Con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que la gente es muy dramática y muy quejita. Bob es un afamado actor de mediana edad que viaja a Tokio para rodar un anuncio de whisky, por el cual cobra la nada despreciable cifra de dos millones de dólares, a la vez que se lamenta por encontrarse rodando este anuncio en lugar de estar representando alguna obra de teatro, con lo cual la solución está en la propia queja: trinca la pasta, por un curro de 3 días, e inviértelo en lo que quieras, como sacar adelante una obra teatral para sentirte realizado, es sencillo no tanto como fustigarse en la lástima, pero sencillo sí resulta con esa buena billetada que te vas embolsar.

Por otro lado tenemos a Charlotte, la mujer de un fotógrafo -que también se encuentra trabajando en Tokio- y cuyo mayor problema es quedarse sola mientras su marido se encuentra el día fuera, nuevamente pudo haber dejado aparcado el dramatismo con un poco de claridad cuando sea que planificasen el viaje “mira, no me apetece acompañarte a Tokio”, sin parecer ser consciente de la suerte que tiene de poder encontrarse fuera de su entorno habitual unos días y conocer otras culturas, eso es otro tema relacionar con la inadaptación.

Pronto terminan coincidiendo, tanto Bob como Charlotte, primeramente en el ascensor y después en el bar del hotel cuando Bob acababa de rodar el anuncio de whisky, se conocen y se complementan a través de una falta de sueño en común, ninguno consigue conciliarlo por la supuesta tristeza que les invade, con lo que junto al hecho de encontrarse perdidos en una ciudad como Tokio, totalmente distinto a lo que conocen, se refugian el uno en el otro, pese a que entre ambos existe una diferencia de edad muy evidente, y comienzan a sentirse a gusto cuando la presencia de uno de ellos se encuentra cerca, como en esos primeros días de clase en los que sí conoces a una persona entre los muchos desconocidos con los que tendrás que convivir los próximos meses ¿te suena? Pues algo así, con lo que empiezan a pasar cada vez más tiempo juntos, saliendo de noche, en el bar del hotel, quedando para comer...

El tercer esquinazo de este triángulo es Tokio, una ciudad que muestran muy exagerada, donde encuentras un sin fin de personas apelotonadas en cualquier parte, mostrando un salón de juegos recreativos donde todos derrochan interés mientras juegan, pero juegan solos, así como programas muy exagerados con presentadores más centrados en presumir de buenrollismo con el invitado y el show que de la persona a la que entrevistar -rollo Pablo Motos- y en general una ciudad en la que Sofia Coppola consigue que tú también te sientas perdido en cada una de las escenas, aunque -en mi caso- sin necesidad de que te apetezca estar ahí rodeado de neones y demás ostentaciones.

Tampoco mucho más, quizá yo es que no sé valorar esta película, pero tampoco percibo una conexión espectacular, que compartan confidencias o que se introduzcan en mundos inexplorados por medio de conversaciones de las que emocionan, no, simplemente veo a dos personas que se refugian en el victimismo y que culpan a todos de su situación en lugar de cambiar su conducta, empecemos por Bob quien hace un drama del hecho de que su mujer le consulte de qué color quiere una tapicería de no sé qué, para ello le envía los distintos modelos para que elija y algún fax, es decir la señora ha empleado un tiempo y unos recursos en consultarle una situación que Bob lejos de valorar recoge como “pufff, qué pesadez”, lo cual nos traslada a la comunicación que no han sabido tener durante estos años y que detona con minucias de este tipo, como Charlotte con su esposo a la hora de no saber decirle que pasa de viajar a Tokio, pudiendo haber hablado de la tapicería antes de embarcar viaje a Tokio, del mismo modo que en una de las últimas llamadas le culpa a ella con respecto a la vida que lleva “quiero comer sano, quiero comida japonesa” 2 cosas: entonces cocina tú macho y en segundo punto no vayas de pureta por estar 3 días en Tokio como si llevases toda la vida, igual que esa gente posturitas que está unos meses fuera de España y luego cuando vuelve finge que no se acuerda de una palabra en castellano “uys, ¿cómo se dice? jijiji”  ¡A pastar!
Por otro lado, Charlotte se hace la ofendida cuando hablando con Bob dice algo así como “mi marido dice que soy una snob” yo no creo que sea una snob, pero sí que se mueve con unos aires de superioridad que echan para atrás, despreciando aquello con lo que no congenia, como ejemplo cuando está con su marido por el hotel se encuentran con una actriz que ha trabajado con Jack -su marido- y aunque hay que reconocer que es bastante pava no deja de mirarla con asco sin saber nada de ella, un asco y unas burlas que un par de días después vuelve a reproducir cuando encontrándose junto a Bob la ven cantar en el karaoke del hotel y todo son burlas, mientras que en la noche anterior ambos habían estado cantando karaoke y entonces “es bien”, super íntimo y muy intenso  ¡A pastar!

Lo dicho, son personajes con los que no puedo congeniar, no me gusta su actitud y el ejemplo se ve bien pronto con la dejadez con la que Bob habla con las personas que le reconocen como actor e intentan hablar con él un instante, con lo que no puedo referirme bien con respecto a ninguno de estos dos personajes y por tanto de la película tampoco, aunque claro que reconozco que tiene sus buenas capturas y golpes de humor, por parte de Bill Murray, cuando rodando el anuncio le dicen “pon cara de misterio” el misterio de saber cuándo beberé whisky… No sé, no puedo destacar mucho más, y posiblemente porque no esté preparado para interpretar cierto tipo de películas, ya lo digo en mi descripción del staff “no piloto un carajo de cine” quizá por eso este tipo de películas se me atragantan un poco.

 

 

 

 

Propicios días!

Crítica de Cine al Filo

por Antonio Cedres 17 julio 14

Oda al aburrimiento.

Podéis tomar la frase anterior como título de mi comentario y como resumen del film.

Los protagonistas son dos amargados de la vida que tiran a la basura una semana entera en Tokio, encerrados en su hotel y autocompadeciéndose hasta que se conocen. Momento en el que a partir de ahí, siguen haciendo lo mismo pero juntos.



El guión solo utiliza la barrera idiomática para enfatizar lo solos que se sienten los protagonistas, dejando el resto de diferencias culturales como meras costumbres raras de los "japos". Parece que ridiculiza su cultura frente a la occidental, pretendiendo dar toques de comedia, rozando el ridículo y recurriendo tristemente en varias ocasiones a decir cosas supuestamente divertidas al japonés que no entiende lo que le dices. Me encantaría saber la opinión que provoca esta obra "de culto" en el público nipón.

No era necesario sacar a los protagonistas viendo "La dolce vita" para reflejar que sus vidas están absolutamente vacías, pero había que añadir un toque intelectualoide más al film y ese era de lo mas facilón y reconocible para su público gafapasta.

Hay un momento en el que la Johansson le dice a Murray con cara de perro apaleado: "No puedo dormir". Yo contestaría: "Pateate la ciudad de Tokio entera, con la de cosas que hay por ver y hacer en esta capital. ¡Dormirás como un bebé cuando regreses al hotel tía petarda!"



Para terminar y como curiosidad, supongo que queda muy guay el misterio de que no se entienda lo que Murray susurra al oído en la escena final, pero si se pone el volumen alto, en la versión doblada se entiende perfectamente lo que dice. Por cierto, la frase difiere completamente de la versión original en lugar de ser una traducción literal y si las escuchas, cambia por completo el sentido del final. Igual es que el título del film va con segundas…


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