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PELÍCULA

Ficha técnica

Voces inocentes

Voces inocentes


Intérpretes: Leonor Varela

Título V.O.: Voces inocentes
País: México Año: 2004
Fecha de estreno: 16/09/2004
Duración: 106 minutos
Género: Drama



Sinopsis

La guerra de 1980 que se produjo en El Salvador, y que duró 12 años, nos traslada a la pequeña población de Cuscatanzingo, situada entre guerrilleros y el ejército, de donde reclutan regularmente a nuevos muchachos para ampliar sus filas, algo que podría ocurrirle a Chava en cualquier momento, en el momento en que cumpla los 12 años (instante que ya pueden ser llamados a su filas), mientras su desparpajo y atrevimiento en la vida, aún consciente de todo lo que le rodea, nos muestra a través de sus ojos el difícil día a día que supuso aquella época.

 

 

 

N6


Tráiler

Crítica de Cine al Filo

por Alberto R. del Nogal 17 enero 15

A veces a las sociedades occidentales, aparentemente bien acomodadas ya, se les olvida la tragedia que sus propios países vivieron no hace tantas décadas. Inmersos en una burbuja de aparente bienestar social, la mirada se echa a un lado cuando de compasión y/o comprensión se trata. Y no se hace sin razón: el dolor de la guerra es tan intenso que las válvulas de escape se abren para liberar tensión. Sin embargo, si nos pudiera parecer todavía reciente una Segunda Guerra Mundial o la propia Guerra Civil española -en términos históricos-, debemos tener muy presente las guerras que suceden fuera de nuestro contexto más inmediato. La guerra civil de El Salvador duró 12 años acabando en el todavía muy reciente 1992.

Describir qué es una guerra es una tarea majestuosa. Un objetivo que solo los grandes artistas pueden rozar con la yema de sus dedos, pero nunca llegar a agarrarlo. Voces inocentes es de esas piezas que lo consigue, que se acerca demasiado, que te emociona. Cada día se ven miles de largometrajes enseñando las atrocidades de los conflictos bélicos pero, debemos estar de acuerdo, no todas -por sobrecarga ya de estímulos- llegan a apoderarse de nuestro sentir.

Voces inocentes no es solo un film que refleja una sociedad hundida en el miedo y carente de esperanza, sino que lo hace a través de la historia de un niño atrevido que, aunque con ganas de crecer, su destino era más ser un niño que un militar. Su historia abofetea nuestra construcción de una biografía infantil tradicional, y la sustituye por una cargada de interrupciones contra la paz y de señales hacia el horror. La infancia se disfraza de disparos, y la mirada inocente de un niño en desconfianza, desesperación e impotencia. Su familia y su contexto no pueden no solo apoyar su sonrisa, sino que la usan para apoyarse en ella, pero su descaro, al menos, convive con el sufrimiento para amenizar la parte de la vida que todos recordamos como ese tiempo pasado que siempre será mejor, pero que muchos adultos de El Salvador, actualmente, prefieren no recordar.

Crítica de Cine al Filo

por Jaime Novo 17 enero 15

Es una película que agradezco haber visto, pese a que me ha parecido muy dura, más aún cuando la realidad te sacude desde el interior al mostrarte este relato constatando que no se trata de una ficción, sino de una realidad, una realidad muy dura como ya decía.

El Salvador, 1980, se inicia una Guerra Civil en la que, de manera involuntaria, la población se ve inmersa de manera muy intensa, no sólo por el hecho de que en cualquier momento y/o circunstancia puede generarse una balacera, sino que debido al reclutamiento forzado de la ciudadanía, mañana podría convertirse en verdugo cualquiera de los que hoy se ocultan cuando surge un tiroteo. Desgraciadamente esta práctica está tan normalizada, el hecho de que precisamente empiecen a reclutar a la juventud desde bien chiquitos, ya que el acontecimiento de cumplir 12 años te sitúa en el disparadero al instante, debido a que cada muy poco tiempo las guerrillas irrumpen en la Escuela de Cuscatanzingo para llevarse a los chiquillos en contra de su voluntad y convertirlos en Niño Soldado, se trata sin duda de las voces inocentes de todo este conflicto que duró 12 largos y agónicos años.

Voces inocentes

Nuestro pequeño protagonista, Chava, crece con el miedo a hacerlo, tanto él como sus amiguitos son bien conscientes de lo que les rodea y que la cuenta atrás ya ha empezado para todos ellos, ya que cuando alcancen la tierna edad de 12 años se los llevarán para combatir en el frente, maldita gracia le hace tanto a él como a su combativa madre, Kella, una mujer de verdad, hasta el punto de que como ya tienen tan interiorizada esta triste situación de encontrarse entre medias de la guerrilla y el ejército, disponen de lo que podríamos llamar como “protocolo” cuando los disparos se suceden alrededor de su casa, así como calmar al más chico de los hermanos, ya que Chava es el mayor de los tres, siendo la “hermana pedorra” la que se encuentra -por edad- entre ambos.

Pero Chava, aunque es plenamente consciente de lo que está pasando, más aún al pesar sobre sus hombros la responsabilidad de ser el hombre de la casa, también tiene sus momentos de felicidad, ya sea emulando que conduce un auto o incluso ganándose su jornal al ayudar al autobusero de Cuscatanzingo todos los días, siempre y cuando con su madre el trato que cerraron con respecto a llegar a casa antes del toque de queda, situación que Chava tiende a saltarse, algo que constantemente altera a su buena madre, ya que en muchos aspectos suele equivocarse Chava sin perder ni un ápice de su optimismo, para mí resulta muy destacable el momento en que su tío Beto le regala una radio y es al día siguiente cuando se viene arribísima escuchando música, incluso contoneándose con alegría delante de los soldados que tanto atemorizan al poblado, en ese instante a Chava le da igual, es una situación que volvería a repetir días después teniendo que ser el Cura del pueblo, un auténtico hombre de fe en la ciudadanía a la que despierta con sus palabras en las que les emite el mensaje de que “ya no basta con rezar”, el que se sacrifique para salvar a los suyos en más de una ocasión, ya que se trata de un distrito de personas bondadosas y leales entre sí.

Si la escena del inquieto Chava disfrutando de la música, dando pequeños brinquitos, es una de esas que consigue que esboces una sonrisa, creo que desgraciadamente hay muchas escenas estremecedoras que te dejan helado, como cuando los desalmados combatientes ejecutan a los muchachitos o cuando los chuquillos logran regatear a quienes vienen a reclutarlos al esconderse sobre los tejados donde divisan la situación, plenamente conscientes de que no existe ninguna clase de zona segura, ni tan siquiera el colegio donde ya son frecuentes las visitas hostiles e inesperadas, mientras poco a poco se vienen dando cuenta, que sólo existe un “único bando” como bien dice Mama Toya a su nieto Chava.

La película es difícil de ver, porque resulta dura, pero es muy interesante haberla descubierto, sin duda la veré más veces, por la soberbia actuación de Chava, la grandeza de una mujer con todas las letras como es su madre y la importancia de otros secundarios como el propio cura, el conductor del bus y los amigos de Chava.

 

 

 

Propicios días!

Crítica de Cine al Filo

por Nuria 17 enero 15

Jamás pensé que una película tan dura, me pudiera parecer a la vez tan bonita y entrañable.  Casi me avergüenzo de decir esto, porque nada tiene de hermoso la guerra, más bien es algo odioso con todas sus letras.  Un inicio de lo más impactante y crudo que nos vaticina un final de similar calibre.  A lo largo del filme, he de admitir que se me ha escapado alguna sonrisa de esas con mirada triste que tienen un inmediato reflejo en el pensamiento del tipo “¡qué lindo!”.

El largo es duro y crudo ¡claro!, es que el mismo contexto es de lo más cruel.  El Salvador, en su período de guerra de 12 años (¡alias, nada!), no es para menos.    Para empezar habría que definir guerra.  La forma más sencilla que se me ocurre, es ausencia de paz, pero entonces… seguro que no hay país que esté en paz.  De una manera u otra cada uno se encuentra con sus conflictos, ahora bien, cuando estos son explícitamente armados y con bandos remarcados, el cuento cambia y lo peor del ser humano parece brotar.  Cierto es que el bélico, es un género bastante explotado.  No es el primer relato similar que veo en cine o sobre el que puedo leer.   En cuanto a cine, por nuestras salas, han pasado numerosas cintas (muchas de ellas premiadísimas) relativas a capítulos de la Historia que aún nos mueve, que no comprendemos o que han tenido secuelas.  De entre las más comerciales, encontramos: la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, y algunas guerras en las que los norteamericanos lo han pasado mal y dan su versión de los hechos en guerras como la de Vietnam o Korea. 

Desde mi punto de vista, siempre es más intenso que un relato de este tipo sea en primera persona, y, desde luego, enternece  más que sea un niño quien encarne la figura del narrador.    Como lamentablemente ocurre demasiado a menudo, el pueblo llano, en este caso de El Salvador se ve inserto, sin quererlo, en un conflicto.     La mirada de un niño, Chava, es la que nos resalta lo absurdo de la guerra y el temor diario, enseñándonos a vivir…  no sé aún si con o sin miedo aún teniendo razones para sentirlo.   No se trata de una secuencia de imágenes de ensañamiento directo ni morbo brutal y sangriento, que realmente se viven en las guerras; más bien son escenas de carácter naturalista y rutinario,  es decir, la realidad en su cotidianeidad, lo cual hace que sea espeluznante a pesar de emplear la inocencia de un niño como protagonista. 

Chava, el protagonista, es un niño  abandonado por su padre (¡qué novedad!) y con una madre que personifica la fortaleza de una manera abrumadora (¡qué remedio!).  Una familia más con un chico pequeño, una hermana mediana, y el protagonista con la responsabilidad innata de ser el hermano mayor.  Así, el chiquillo, conocedor de un destino está más que escrito a corto plazo, trata de vivir el presente  hasta que le recluten sin faltar a sus obligaciones de “hombre de la casa”;  pero a la vez disfrutando de la música, conociendo a esa chica que le gusta, bromeando y jugando con los amigos, con sus conflictos familiares y discusiones en casa, etc.  Tratando de proteger como puede a los suyos, reaccionando en varias ocasiones con lo que parece ya parte de la rutina, ante los tiroteos y ataques, y arreglánoselas para no ser reclutado subiéndose a los tejados de las casas.

A resaltar un final que,  sin querer “spoilear” te deja con incredulidad a modo de parpadeo con los ojos como platos y silencio por unos segundos pensando: “¡¿de verdad?!”.  La solidez y contundencia más que creíble de las interpretaciones de la manera más real que muchas de las interpretaciones premiadas en Holliwood o instancias similares.  Empezando por el peso con el del mismo Chava, y la presencia que inunda la pantalla de Leonor Varela;  pero sin desmerecer a ninguno de los secundarios, pues… cuesta creer que estén interpretando porque parece todo real.  El summum de las interpretaciones de esta realidad está en cómo queda reflejado el cambio que supone para un infante verse convertido en Niño Soldado.

 En conclusión, he de dar las gracias a Alberto por haber propuesto este peliculón para el primer CineClub del año, o… ¿debería darlas a Novo? xDDD

Crítica de Cine al Filo

por Simón Pedreira 17 enero 15

Siempre me han gustado las películas basadas en hechos reales.

Algunas se acercan más a la realidad que otras, pero se basan siempre en algo que ha ocurrido; historias alegres, tristes, vidas complicadas de personajes concidos, asesinos en serie.... o duras realidades de nuestro mundo, como es esta película de la que, en un principio, no llevaba muchas espectativas, pero que finalmente me ha acabado gustando bastante. 

Lo que más me gusta de este tipo de películas es que nos hacen ver una realidad que, por suerte, no nos ha tocado vivir, pero que en muchos países (inclúído el nuestro), ha sido dramática y se ha llevado muchas vidas.

La película nos narra la vida de "El Chava", un chico de 11 años que vive en un pueblo de El Salvador, y que junto con su madre, hermana y hermano, ha de a hacer frente a las guerrillas entre los civiles armados y los militares. Al empezar la guerra, su padre se había ido a Estados Unidos, dejandolos solos ante las dificultades.

Lo más importante para mí es el mensaje de la película, de cómo una guerra civil hace que la inseguridad y el miedo se apoderen de la gente, con un descontrol total, toques de queda y tiroteos en plena noche que da igual a quien alcancen: la ley de que todo vale para conseguir lo que uno quiera.

También podemos percibir la crueldad de una parte del ejercito (llamadas escuadrón de la muerte), que se dedicaba a vigilar y controlar las zonas rurales de los pueblos, ya que es de donde, supuestamente, salían más guerrilleros de la revolución que se generó contra el gobierno; intimidaban, amezaban e incluso asesinaban a todos aquellos que fueran sospechosos de colaborar con la guerrilla. Actuaban al mando de militares, y teóricamente eran agrupaciones que actuaban fuera del orden del gobierno.

La madre del protagonista, preocupada constantemente, deja de trabajar para estar con sus hijos en casa; a pesar de ello, la peligrosidad de la situación a la que se exponen, hace que decidan mudarse a cada de su madre, que está algo más alejada de la zona principal de conflicto, pero que finalmente también se ve inmersa en la guerra.

No sé cuánto ni en qué manera de acerca a la realidad la película, ya que en muchas ocasiones (la mayoría) los hechos no son 100% verídicos, pero creo que se puede ajustar bastante a la realidad, viendo otras situaciones similares a las que se han tenido que enfrentar otros países.

Lo dicho. Siempre me gustaron, y siempre me gustarán este tipo de películas, ya que independientemente del nivel de los actores y/o de su interpretación, hay una realidad de fondo que nos hace aprender historias y cosas nuevas acerca de lo que ha pasado en nuestro mundo; puede que más lejos o más cerca, pero han pasado.


S8 


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