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PELÍCULA

Ficha técnica

Happiness

Happiness


Intérpretes: Jane Adams , Jon Lovitz , Philip Seymour Hoffman , Dylan Baker , Lara Flynn Boyle , Cynthia Stevenson , Ben Gazzara

Título V.O.: Hapiness
País: Estados Unidos Año: 1998
Fecha de estreno: 16/10/1998
Duración: 139 min.
Género: Drama



Sinopsis

Todd Solondz nos muestras las miserias de la clase burguesa estadounidense, de forma crítica y provocadora. Dura, sórdida, perturbadora, desoladora, hiriente,... imprescindible. h5.


Tráiler

Crítica de Cine al Filo

por Hoeman 25 abril 12

Quizá no sea lo más apropiado, o tal vez sí lo sea, pero debo advertir que escribo esta reseña un periplo después (concretamente meses) de haber disfrutado de la película, que sin duda me marcó. Y es que estamos ante lo que podríamos considerar una obra maestra, que nos ofrece una perspectiva perturbadora de la vida. Así que supongo, je, que el título rezuma ironía por todos los costados (“Happiness” podría traducirse como “Felicidad”). Una mirada cruel, casi diría que desoladora, de la sociedad americana, que podría extenderse, en muchos aspectos, como mínimo a Europa. Sólo con una de las primeras escenas, posiblemente una de las más hilarantes y geniales de cuantas haya visionado, engancha. Recomiendo ver la película antes de seguir leyendo porque voy a contar cosas que suceden en ella, aderezadas con mi punto de vista particular.

La escena en cuestión: un patético perdedor, en la consulta del psicólogo, le está contando que todas las mujeres le encuentran aburrido aburrido aburridoooooooooo, mientras el psicólogo, aburrido, hace mentalmente la lista de la compra y a su vez mira el reloj a la espera de que pase el tiempo de consulta con el paciente. Espectacular; sólo por ésta ya merece la pena el visionado.

La mirada sórdida y posiblemente única que nos ofrece el director Todd Solondz no salva a ninguno de los personajes, todos ellos peculiares, pero con aspectos identificables en cualquiera de nosotros. Es más, probablemente existen muchas más personas de las que creemos con gran similitud con cada uno de los personajes, si bien puede que en el filme las rarezas y perturbaciones se hayan exacerbado. Todos, a su manera, son infelices, se conforman con la vida que tienen, saben que en muchos aspectos no pueden elegir e intentan seguir viviendo de forma mediocre, su vida de mierda, sin grandes ilusiones ni esperanzas; permitiéndose de vez en cuando, si las deidades les favorecen, pequeños placeres que en el fondo, no podrán calmar su hastío general. Lo que me lleva a plantearme una escueta reflexión: nadie elige vivir. Somos esclavos del azar: en cuanto nacemos sólo tendremos una certeza: pereceremos. Antes o después todos pereceremos. Intentaremos formar una vida más o menos a nuestra medida, dependiendo principalmente de las circunstancias y los eventos estocásticos; intentaremos construir un mundo, el nuestro, que en el momento menos pensado se extinguirá. Además, ése es un mundo que ya viene viciado desde el principio: proviene de unos ideales totalmente irreales y una extraordinaria capacidad mental e imaginativa, que sin duda, desde bien pequeños hacen que alberguemos esperanzas que en su mayoría serán frustradas y/o frustrantes. La vida no es un cuento de hadas, la gente está llena de defectos, incluso casi todo son defectos, la perfección no existe, cada uno vive a su manera y cómo puede. Hasta la defunción. Esa es la historia del ser humano, de la humanidad. Divagar y morir.

Entrando un poco en detalles relativos al largometraje: se centra principalmente en una familia compuesta por tres hermanas, cada una muy distinta de la otra, y gente más o menos allegada a ellas (sus padres, el marido de una, un ligue de otra, el vecino de la tercera, especialmente). La mayor es la casada, vive una vida repleta de falsedad y marcada por las apariencias, sin amor ni sexo, y más asombroso, con un esposo que en realidad es un pedófilo. Este personaje, que ejerce de psicólogo (es el mismo de la escena mencionada en el primer párrafo de este texto), es un personaje a mi parecer clave: por su sordidez y porque nos muestra crudamente lo que puede significar vivir una enfermedad como la pedofilia. Remarco enfermedad, porque a pesar de estar estigmatizados en la sociedad, no debemos descartar el componente mental-psicológico. No cabe duda de que lo que hacen los pedófilos les convierte en seres monstruosos, pero a lo mejor no toda la culpa es exclusivamente de ellos. Quiero decir que es posible, no lo sé ya que hablo desde el desconocimiento absoluto, que no puedan controlar esos impulsos enfermizos y reprobables. Por tanto se trataría de actos voluntarios pero en cierto modo no conscientes, y desde luego irracionales o poco racionalizados. A mi entender, el director nos lanza el señuelo para que profundicemos acerca de este tema sin duda polémico y de complicado análisis.

A la hermana mediana la podríamos considerar la “oveja negra” de la familia, ya ha superado la barrera de los treinta años y no ha logrado construir nada sólido en su vida (anhela una pareja que no llega ni tiene visos de llegar, no está conforme tampoco con los demás aspectos) aunque en el fondo no se resigna (ni parece que vaya a resignarse) a renunciar a la felicidad y el amor (y sus ambiguos significados). Solondz de nuevo nos muestra sus miserias y sobre todo su inseguridad patológica, así como un extraño romance con un alumno ruso cleptómano.

La pequeña es la “tía buena” y “con éxito”: forrada debido a un éxito de ventas literario, prácticamente cada noche se folla a un tío diferente que además es muy atractivo, y no obstante, se siente tan vacía y huérfana de motivaciones o más que el resto de los personajes que aparecen en la novela. Un personaje ligado a ella, a mi juicio esencial en la película, es uno de sus vecinos, obsesionado con ella, adicto al sexo “solitario”, patético e inseguro, poco atractivo, perdedor de pura cepa. Con las expectativas sexuales más altas de lo que puede aspirar, y que sin embargo, tras un arrebato de locura, tendrá la oportunidad de tirarse a su sueño anhelado, y nuevamente sin embargo, fracasará antes de probar, por su ineficacia social principalmente, además de su escaso atractivo e inseguridad.

También están los padres de estas hermanas, un matrimonio que tras tropecientos años aguantándose se han divorciado. El director nos muestra sus tiranteces sin escrúpulos y adobadas de humor.

Precisamente, si bien es cierto que la película hace uso de un humor negro, aterrador, lúgubre, irónico, satírico, desconsolador; es una pieza triste, muy triste, y desoladora. Por lo menos desde mi punto de vista. Y es que el final no deja esperanzas: Todd Solondz parece querer decirnos: la gente es cruel, falsa, egoísta, abyecta, cutre, mediocre, etc. y eso es algo que jamás cambiará; el humano es un ser despreciable y taciturno, a merced siempre de variables y fenómenos que jamás podrá dominar; no existe solución alguna. La solución más aceptable es aceptarnos tal y como somos (en el fondo cada uno tiene nociones de sí mismo bastante reales, o eso me gusta pensar) aunque aparentar ser otros mucho mejores y más atractivos y más fuertes y más inteligentes y más etc., etc., etc. de lo que verdaderamente somos. No hay escapatoria: tan sólo seguir hacia delante, vivir una vida superficial, olvidar la conciencia. La felicidad.


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