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Dennis Hopper contra el viejo Hollywood

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Artículo de Cine al Filo

por Fernando Sabariego (Foxtrot) 31 enero de 2012

“Dennis era un maníaco, un psicópata casi. Tenía siempre un par de pistolas cargadas encima de la mesa. A él le gustaba ese tipo de atmósfera.”  Peter Pilafian (cámara y eléctrico)

Finales de la década de los 60. El viejo Hollywood estaba plagado de dinosaurios. La gente que había dominado la industria se agarraba a sus asientos y lo inundaba todo, desde los puestos directivos a la mano de obra. Un grupo de caras nuevas se arrastraba por los despachos de los peces gordos en busca de financiación y sólo encontraba negativas. Y ahí jugó un pequeño papel el difunto Dennis Hopper, aunque por el camino cabreara a más de uno.

Warren Beatty ya había demostrado con su Bonnie and Clyde que se podía hacer negocio de otra manera. Todos descubrieron que podían romperse ciertas barreras que aparentemente la sociedad americana y la implacable crítica no habrían permitido. Y al empeño de éste que tuvo que pelear lo indecible para contar su historia de atracadores, les siguió el sueño de Peter Fonda y el mencionado Dennis Hopper.

Al parecer, Fonda le ofreció a su amigo Hopper una historia de moteros con la que se había iluminado. Ambos querían inundar la película de drogas, motos y desobediencia civil; a todas luces llamar la atención. Presentar a los malos como los héroes de la película era algo por lo que ningún estudio se arriesgaría, pero finalmente encontrarían el árbol al que arrimarse en la BBS de Bert Schneider y Bob Rafelson, otros personajes con una buena historia.

Para Hollywood, Fonda y Hopper eran despojos, vestían mal y se drogaban, que seguramente era lo peor que se podía hacer en la época después de matar y robar. Y drogarse era lo que hacían la mayoría del tiempo, ya que estaba de moda y era muy cool hacerlo –en esto no ha cambiado mucho la gente-. Entre los amigos de ambos se encontraba Jack Nicholson, que más tarde y de rebote, pasaría a formar parte del reparto con el consiguiente salto a la fama que esa aparición le propinó. Antes de ese papel algunos habían vaticinado ya el final de su carrera como actor, no en vano ya trataba de colocar algún guión.

Decir que hubo problemas en el rodaje sería quedarse corto por mucho. Dennis ya era conocido por ser alguien inestable, impulsivo y especialmente un gran consumidor de todo tipo de sustancias, desde alcohol y marihuana hasta ácido y anfetaminas. Su mujer y sus hijos vivían aterrorizados y en cierta ocasión ella tuvo que llevárselos para que no tuvieran que volver a ser víctimas de los arranques de ira de Hopper. Los escondió en casa de una amiga e inició los trámites del divorcio, que pudo acelerarse gracias a que él fue arrestado y procesado por posesión ilegal de estupefacientes. Todo esto ocurrió con el rodaje de por medio durante el cual Hopper se fue volviendo si no lo era ya lo suficiente, descrito por varias personas, alguien paranoico y peligroso.

Easy Riders tenía que ser transgresora, pero también tenía al fin y al cabo que ceñirse a unas normas y tener cierta coherencia. Si es una película estupenda, una mierda o una simple anécdota del mundo del cine lo decides tú. Lo que está claro es que sus circunstancias no fueron normales: gente sin experiencia encargada de hacer tareas de gran responsabilidad, escenas mal rodadas, cambio de actores a última hora, diálogos improvisados, un guión que no salía adelante y que cuando lo hizo, Hopper casi mata a Fonda y Terry Southern en su afán de ser reconocido como único ideario del proyecto. Southern llegó a decir que la verdad era que él lo había escrito todo como habían acordado, pero que intercedió por ellos para incluirlos en los créditos pese a que no eran guionistas. Al parecer, incluso llegaron a coger a cualquier persona que encontraban en el camino mientras rodaban para incluirla en la película.

Hopper se fue aislando en una burbuja desde la que se veía como un único visionario, embajador de no se sabe qué causa que le haría protagonizar algo grande mediante “su” película. Durante el rodaje abusó verbalmente de los empleados, menospreció sus capacidades y se autoproclamó líder absoluto del proyecto. Decía ser la única persona creativa y que todos los demás eran mano de obra, sus esclavos. Su estado natural era estar siempre a punto de estallar. Algunos pensaban que podía deberse a sus mezclas diarias de alcohol, hierba, anfetaminas y otras sustancias.

La película fue un éxito absoluto. Probablemente hasta el último zarrapastroso fue a verla. La BBS inició un periodo dorado y lanzó lo que se conocería como el “cine de autor”. Como suele pasar en esos casos, Hopper fue catapultado al olimpo de estrellas hippies de la época del que formaba parte el mismísimo John Lennon. Para entender la dimensión del impacto que produjo Easy Riders, habría que tener en cuenta la realidad social del momento en el país; Nixon, Vietnam, el movimiento negro… Cuando la realidad es que entre el tiempo que pasó durmiendo la mona, de escapada o pegando a su mujer, seguramente ni dirigió ni escribió absolutamente nada. Aunque sí interpretó a Billy en la película y pasó a ser un gracioso personaje de esos que la gente encumbra con facilidad.

Cuando supe sobre sus andanzas recordé el papel que le vi interpretar en Apocalypse Now, un periodista que ha perdido la chaveta y se convierte en uno de los fieles seguidores del Coronel Kurtz. Eso fue diez años después. Supongo que nunca dejó de ser así, tuvo suerte de llegar a viejo. Una persona en la que se mezcló excentricismo, excesos y ganas de romper las barreras, eso que a menudo se conjuga y nos da personajes como Hopper, como poco singular, ¿quién si no diría algo así?: “El problema de la cocaína en los Estados Unidos en realidad lo provoqué yo.”

 

Fuentes: imdb.com , Easy Riders, Raging Bulls -Peter Biskind-


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